¿Qué fue de ese poema que no pude atrapar, el que pasó rengueando frente a mí con las alitas rotas?

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domingo, agosto 10, 2014

Te dejo...

Te dejo con tu vida,
tu trabajo,
tu gente,
con tus puestas de sol,
y tus amaneceres
sembrando tu confianza.
Te dejo junto al mundo,
derrotando imposibles,
seguro sin seguro. 

Te dejo frente al mar
descifrándote a solas,
sin mi pregunta a ciegas,
sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas,
pobres y malheridas,
sin mis inmadureces,
sin mi veteranía,
pero tampoco creas
a pie juntillas todo,
no creas, nunca creas,
este falso abandono... 


...
 


 [...esperando tus ojos y mirándote.]


Mario Benedetti

sábado, agosto 20, 2011

Estados de ánimo.

A veces me siento como pobre colina,
y otras como montaña de cumbres repetidas,
a veces me siento como un acantilado,
y en otras como un cielo  azul pero lejano,
a veces uno es manantial entre rocas,
y otras veces un árbol con las últimas hojas,
pero hoy me siento apenas como laguna insomne,
con un embarcadero, ya sin embarcaciones,
una laguna verde, inmóvil y paciente
conforme con sus algas, sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza, confiando en que una tarde,
te acerques y te mires... te mires al mirarme.

Mario Benedetti

jueves, mayo 27, 2010

Yo, Rogelio Velasco...

...dejo también una canción cadenciosa y pegadiza que mi madre cantaba en la cocina mientras revolvía el dulce de leche casero;
dejo un cristal con lluvia que me ponía alegremente melancólico;
dejo un insomnio con luna creciente y dos estrellas;
dejo la campanilla con la que llamaba a la esquiva buena suerte;
dejo una tijerita de acero inoxidable con la que, a través de los años, me fui cortando tres o cuatro tipos de bigote;
dejo el cenicero de Murano que recogió sin inmutarse las cenizas de mis frustraciones;
dejo todos mis apodos y mis remordimientos clandestinos;
dejo una ficha de ruleta para que alguien la apueste al treinta y dos;
dejo el relámpago de la memoria que a veces ilumina los baldíos de mi conciencia;
dejo el cuaderno tabaré cuadriculado donde fui anotando mis vagos presentimientos;
dejo un ejemplar del Quijote en papel biblia con notas al margen que testimonian mi aburrida admiración;
dejo los gemelos de oro que me regalaron para mi segunda boda y que nunca estrené pues uso camisas de manga corta;
dejo la cadenita de mi pobre perro que murió hace tres años porque no supo soportar su viudez;
dejo un encuadernado ejemplar de la oda al carajo, única obra maestra del ubicuo bandolero que escribió nuestro himno y el de Paraguay;
dejo el antiguo calzador de mango largo que uso en mis temporadas de lumbago;
dejo mi valiosa colección de arrugadas expectativas;
dejo un cajoncito de cartas recibidas y otro cajoncito con copias de las cartas que no me contestaron;
dejo un termómetro enigmático y maravilloso porque siempre nos fue imposible leer en él la temperatura nuestra de cada día;
dejo la acogedora sonrisa de la preciosa pero intocable mujer de un amigo que es campeón de karate;
dejo el único piojo solitario, anacoreta, que ingresó hace doce años en mi geografía corporal y al que ultimé sin la menor piedad ecologista;
dejo un plano muy bonito de Montevideo, recuerdo de una época poscolonial y premoon;
dejo mi horóscopo, con sus pronósticos nunca confirmados;
dejo un papel secante con la firma (invertida) de un ministro del ramo;
dejo un caracol gigante, recogido en una playa oceánica que antes de expirar me miró con la tristeza de su odio salado;
dejo una antena de TV, que sólo aportó inéditos fantasmas a mi pantalla;
dejo las ojeras de mi hipocondría y los ardides de mi falso olvido;
dejo un decilitro de ola atlántica que guardo en un frasco verdiazul para que no extrañe;
dejo un sueño erótico y su verdad desnuda, por cierto inalcanzable en la arropada vigilia;
dejo una bofetada femenina, injusta y perfumada;
dejo una patria sin himno ni bandera pero con cielo y suelo;
dejo la culpa que no tuve y la que tuve, ya que después de todo son mellizas;
dejo mi brújula con la advertencia de que el norte es el sur y viceversa;
dejo mi calle y su empedrado;
dejo mi esquina y su sorpresa;
dejo mi puerta con sus cuatro llaves;
dejo mi umbral con tus pisadas tenues;
dejo por fin mi dejadez.


Fragmento del cuento "Testamento ológrafo" de Mario Benedetti.

viernes, mayo 21, 2010


"...Aclaro que todo esto es de un pasado. Reciente, pero pasado. Reconozco que hoy tuve una sorpresa. Como todas las mañanas me enfrenté al espejo y le hablé. Le hablé y le hablé. Creo que hasta le grité. De pronto advertí que la boca del espejo permanecía cerrada. Volví a hablar, lo insulté. Y nada. Sus labios no se movieron. Curiosamente, su mirada era de retroceso.
Entonces sentí que me inundaba un extraño regocijo, un esbozo de felicidad.
Y no era para menos. Por vez primera lo había dejado mudo. Por vez primera lo había derrotado. Inapelablemente..."


Fragmento de "No hay sombra en el espejo" de Mario Benedetti.

lunes, diciembre 07, 2009

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte

construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo, ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.



Mario Benedetti

domingo, marzo 15, 2009

...Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartida
en cuatro o cinco pibas
de esas que vos mirás
y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote...




Mario Benedetti

miércoles, febrero 11, 2009

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.



Mario Benedetti