¿Qué fue de ese poema que no pude atrapar, el que pasó rengueando frente a mí con las alitas rotas?

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domingo, abril 04, 2010

.Abandonados.



Tocamos la noche con las manos escurriéndonos la oscuridad entre los dedos, sobándola como la piel de una oveja negra.
Nos hemos abandonado al desamor, al desgano de vivir colectando horas en el vacío, en los días que se dejan pasar y se vuelven a repetir, intrascendentes, sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de claridad.
Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad, sintiendo la necesidad del amor por debajo de las uñas, el hueco de un sacabocados en el pecho, el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto de concha.
¿Cómo volver a recapturar el tiempo? ¿Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la angustia, hacerlo retroceder acobardado por nuestra inquebrantable decisión? Pero... quién sabe si podremos recapturar el momento que perdimos.
Nadie puede predecir el pasado cuando ya quizás no somos los mismos, cuando ya quizás hemos olvidado
el nombre de la calle donde alguna vez pudimos encontrarnos.

Gioconda Belli

sábado, enero 09, 2010

Todo sea por el amor...



Tantas cosas he hecho por vos que tengo que cuidar que su recuento no te suene a reclamo; porque todo ha sido hecho en virtud del amor y los relámpagos y ciclones que solté de la caja de Pandora que un día me pusiste en las manos, sí, es verdad que han dolido, que muchas veces me han arrancado piel de la raíz y me han hecho buscarme el corazón con miedo a no encontrar su pasito de soldado, han sido mi propia, soberana decisión, mi perdición, mi gozo, por los que me he conocio más mujer, capaz de escaladas, acrobacias, tenacidad de burra rentada, por los que he recorrido sendas ignotas, mareada por el olor tan cercano de la felicidad y te he buscado detrás de gestos y puertas y hasta de la manera de abandonar tu ropa y cuando te he encontrado me he abierto de par en par como jaula repleta de ruiseñores y he sabido también cómo se siente tener un astro deslumbrante en las entrañas. No quiero, pues, equivocarme con reclamos; me hago responsable del sol y de la sombra, pero, ay amor, cómo me duele, que estando yo en tu espacio como estrella errabunda fieramente colgada por vos en tu Universo, no me hayas descubierto el resplandor, no me hayas habitado, tomado posesión de mi luz y sólo te hayas atrevido a palparme -como un ciego- en la oscuridad...


Gioconda Belli

domingo, enero 03, 2010

En la doliente soledad del domingo...

Aquí estoy, desnuda, sobre las sábanas solitarias de esta cama donde te deseo.
Veo mi cuerpo, liso y rosado en el espejo, mi cuerpo que fue ávido territorio de tus besos; este cuerpo lleno de recuerdos, de tu desbordada pasión sobre el que peleaste sudorosas batallas de largas noches de quejidos y risas y ruidos de mis cuevas interiores.

Veo mis pechos que acomodabas sonriendo en la palma de tu mano, que apretabas como pájaros pequeños en tus jaulas de cinco barrotes, mientras una flor se me encendía y paraba su dura corola contra tu carne dulce.
Veo mis piernas, largas y lentas, conocedoras de tus caricias, que giraban rápidas y nerviosas sobre sus goznes, para abrirte el sendero de la perdición, hacia mi mismo centro, y la suave vegetación del monte, donde urdiste sordos combates, coronados de gozo, anunciados por descargas de fusilerías y truenos primitivos.

Me veo y no me estoy viendo, es un espejo de vos el que se extiende doliente sobre esta soledad de domingo, un espejo rosado, un molde hueco buscando su otro hemisferio.
Llueve copiosamente sobre mi cara y sólo pienso en tu lejano amor, mientras cobijo con todas mis fuerzas, la esperanza...




Gioconda Belli

martes, diciembre 29, 2009

Amor de frutas...

...Déjame que esparza manzanas en tu sexo néctares de mango, carne de fresas; Tu cuerpo son todas las frutas. Te abrazo y corren las mandarinas, te beso y todas las uvas sueltan el vino oculto de su corazón sobre mi boca. Mi lengua siente en tus brazos el zumo dulce de las naranjas y en tus piernas el pomegranate esconde sus semillas incitantes. Déjame que coseche los frutos de agua que sudan en tus poros. Mi hombre de limones y duraznos, dame a beber fuentes de melocotones y bananos, racimos de cerezas. Tu cuerpo es el paraíso perdido del que nunca jamás ningún Dios podrá expulsarme...
Gioconda Belli