¿Qué fue de ese poema que no pude atrapar, el que pasó rengueando frente a mí con las alitas rotas?

miércoles, febrero 29, 2012

Él y yo.


Sensaciones prácticamente inexplicables invaden hoy mi cuerpo. Sensaciones que deben agradacerle su existencia al hombre que hoy me llena el alma.  

Ese hombre que me intrigaba cuando yo era apenas una adolescente, ese hombre que miraba pasar con aire misterioso, ese hombre que hablaba y desde la calle invadía toda mi habitación con su voz...
Desde hacía tiempo que algo despertaba en mí, y hacía que más de una noche le dedicara el protagonismo en esas historias que me inventaba antes de irme a dormir...
Tantos días cruzándonos sin animarnos a decir un "hola", y haciéndolo sólo cuando él estaba con otras personas y yo frenaba a saludar... 
El tiempo fue pasando, y yo crecía y seguía mirándolo de la misma forma, y yo sentía que él me miraba diferente, que me prestaba atención...
Poco a poco la distancia fue desapareciendo, los saludos, los cruces de palabras eran más frecuentes, por gente en común, o por el simple hecho de ser vecinos y de vivir tan cerca uno del otro. 
Los comentarios acerca de la atracción que había entre los dos, empezaron a aparecer, pero ninguno pisaba el acelerador, y todo quedaba flotando. 
Hasta que una bendita noche, una de las primeras del 2012, esas que son "sospechosamente lights" nos cruzamos; yo desde el balcón fumando, y él enfrente, también fumando y con sus perras saltando a su alrededor...  
- "Cómo va lo del viaje?"  
- "Esperá que bajo a comprar puchos y te cuento"  
Excusa más que perfecta para compartir un momento solos, el cual se transformó en una conversación de más de 4 horas, donde cada uno sintiéndose en suma confiaza, contó sus historias, su pasado, las cosas lindas y lo que nos hizo sufrir... El tiempo pasaba y ninguno de los dos iniciaba la despedida... Nervios? Ansiedad de lo que se venía? Sí. 
Y hasta que por fin nos paramos y sin siquiera acordarlo, nos besamos, y nos reímos, y tuvimos "vergüenza" como si ese fuera el primer beso de nuestras vidas... 
Eso fue sólo el principio, los 25 días que le siguieron, fueron una suma de momentos más que especiales, cada hora disponible, cada salida a la calle, era una excusa para vernos, los días pasaron volando, y nuestro cariño había crecido tanto, que la noche de la despedida, estuvo acompañada de silencios y lágrimas...


Hace 28 días que estoy en Italia... Hace 28 días que chateo con vos todos los días, hace una semana que nos vemos por camarita y hablamos durante horas... Y a pesar que alguna vez te dije: "No quiero que me esperes", los sentimientos se nos fueron de las manos, los límites los mandamos a volar y nos dejamos llevar... y qué bien nos sentimos al hacerlo, qué libres, qué livianos!


HOY nos amamos, nos amamos incondicionalmente, locamente, sin saber cómo pasó todo, pero sabiendo que hoy nuestros cuerpos hablan por sí solos: las sensaciones, los escalofríos, los latidos del corazón, las sonrisas de la nada, y muchas cosas más, son indicios de esto que nació entre los dos... Esto que nos hace tan bien...

No pienso en el futuro, pienso en éste presente... Creo en éste amor.


Te amo, Darío.

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